Miguel y Antonio están reunidos en la sala. Su pad...

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Por Libero Passo

Libero Passo

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Miguel y Antonio están reunidos en la sala. Su padre yace débil en un cuarto contiguo. Está presente Marga también, hija de un hombre encarcelado.

¡Quiero saber la verdad! —exclamó la mujer con voz firme —Mi padre lleva años pagando por un crimen que no cometió. Tengo las pruebas y necesito que me digan qué pasó realmente—.

El ambiente se hizo tenso. Miguel, nervioso, miró de reojo a su hermano y enseguida intentó calmar la situación.       —Nuestro padre está muriendo, Marga, entiendelo. Revelar esto destruirá a nuestra familia. No podemos permitir que todo salga a la luz—.

—Además, yo también podría acabar en la carcel —intervino Antonio, cruzado de brazos, con una frialdad que dejaba sin palabras — ¿Quieres que nos arruines a todos? Vamos, Marga, déjalo así—.

La mujer lo miró fijamente, desafiante, sin mostrar ningún tipo de compasión —¿Ves eso? —dijo apretando una carta en la mano —¡esta es la prueba! ¿Prefieren que un inocente siga preso mientras ustedes guardan silencio por miedo? Miguel y Antonio, ¡quiero justicia. Ahora!

—Justicia no es lo que se necesita, en este momento —exclamó Miguel, desesperado — Nuestro padre nos pidió silencio. Si hablas, no solo será su reputación destruida, también la nuestra.

—Y yo no voy a cargar con sus errores —intervino Antonio con tono amenazante —Si alguien va a pagar, callate de una vez y dejanos en paz—.

—No puedo permitir esto —concluyo Marga mirando a los dos —Si ustedes no hablan, lo haré yo. La verdad se sabrá, quieran o no—.

En el cuarto, solo se oía el tic tac del reloj de pared que parecía señalar la proximidad de un colapso inminente. Miguel y Antonio mantenían la vista fija en el suelo, clavada en un solo punto, evitando encontrar la mirada de Marga.

—¡Está bien! —dijo en fin Miguel, cediendo ante la evidencia, la determinación de la mujer, y ante su conciencia —Lo haremos público.

Se levantó y sacó su teléfono, listo para llamar a la policia.

—¡Noo! ¡No puedes hacerlo! —explotó Antonio, con un arranque de ira improvisa.

—¡Ya es tarde! —soltó Marga con la calma de quién siente de tener la certeza de su parte —La verdad está a punto de liberarse. La decisión está tomada y el destino está a punto de cambiar. Para siempre—.

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