Fuera de el menú
Era mi cumpleaños y el regalo estaba en mi plato. Lo desenvolví como una niña, tirando del papel para no perder tiempo.
Se me abrió la boca y los ojos se me encharcaron. Un líquido tibio recorrió mis mejillas.
En silencio, volví a empaquetarlo como pude. Levanté la cabeza con una sonrisa que era el teatro mejor representado que podía ofrecer.
El segundo plato se me quedó en la garganta, imposible de tragar. Poco a poco fui recomponiéndome y conseguí, al menos, saborear mi tarta de cumpleaños.
Mi pareja me miraba. Se comportaba de una manera extraña, como si en cada gesto esperara que yo saltara.
Mi mirada se cruzó con la suya. La cena había terminado. Cogí el paquete y se lo entregué al camarero.
—Se han debido de confundir de comensal —dije.
