Respuesta al reto: La puerta

Respuesta al reto: La puerta

Por Amparo Valdearcos Quintin

Amparo Valdearcos Quintin
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La puerta

El cansancio me vencía. Un día de calor hacía que a mi cuerpo le costara moverse.

Quería llegar a casa, tumbarme en mi maravilloso sofá y dar rienda suelta a mis pensamientos.

Abrí la puerta y, al otro lado del pasillo, se dejaba ver otra. Me quedé asombrado. ¿De dónde había salido aquella?

Me acerqué despacio, con miedo y curiosidad, porque llegaba una voz que habría jurado conocer.

Mi mente me decía que no estaba soñando, pero aun así me pellizqué para comprobar que lo que estaba pasando era real.

Pegué el oído a la puerta. La voz era muy conocida, pero no alcanzaba a comprender de quién era.

La puerta se abrió y casi caí de bruces en la otra estancia.

Un hombre con arrugas en el rostro, casi sin pelo y de complexión corpulenta, me dijo:

—No te asustes. Soy tú. El que está delante de ti. El que sabe lo que cuesta llegar hasta aquí.

No estaba bajo los efectos de ninguna sustancia, aunque sabía de sobra lo fácil que era refugiarse en ellas para no tener que decidir. Pero aquello no me cuadraba.

Entonces él siguió hablando como si lo que me decía fuera de lo más normal.

—Tienes dos caminos para enfrentarte a un destino que no es el más conveniente, pero solo tú puedes cambiarlo. Puedes seguir tirado en el sofá, dejando que la vida pase lentamente sin pedirle nada. O puedes decidir luchar por lo que realmente deseas, dando paso a tus sueños.

Se apartó y señaló el interior de la habitación.

—Si cruzas esta puerta, verás las dos versiones de nuestro futuro.

Respiré hondo y entró.

Al otro lado había dos ancianos sentados frente a frente.

El mismo rostro. Pero mientras en uno los ojos brillaban con fuerza, en el otro la niebla se asomaba.

—¿Cuál soy yo? —pregunté.

—El que decidas ser. Todavía puedes elegir.

Un temblor recorrió mi cuerpo.

Miré a uno. Luego al otro.

Por primera vez tenía que decidir.

Quise correr hacia el de los ojos brillantes, pero una duda me dejó paralizado.

Cuando me di cuenta, la puerta ya se había cerrado.

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