Vivo en el último piso. El quinto. Arriba solo está la placa y el tanque.
Estoy solo. Son las 2:13 y oigo pasos.
No son del vecino. No tengo vecino arriba.
Son pasos lentos. De alguien descalzo. Que arrastra los pies. De la cocina a la pieza. De la pieza a la cocina.
Se me queda el café a mitad del camino. La cuchara me tiembla contra el pocillo.
Vuelven a sonar. Ahora más cerca, justo sobre mi cabeza. Se detienen. Como si supiera que estoy abajo escuchando.
Se me seca la boca. Apago el televisor. El edificio queda en silencio, pero los pasos siguen.
Ahora corren. Corren de un lado a otro allá arriba. Como si buscaran la salida.
Agarro las llaves. Mi mano no entra en el bolsillo.
Los pasos se paran en seco sobre la escalera de la azotea. Oigo la tapa del tanque moverse. El metal rechina.
Me quedo pegado a la puerta. No la abro.
Arriba, alguien empieza a bajar.
