Respuesta al reto: La escena del tren

Respuesta al reto: La escena del tren

Por Amparo Valdearcos Quintin

Amparo Valdearcos Quintin
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Se veía llegar el tren desde el apeadero. Mi vecina Yolanda llevaba una maleta muy grande, demasiado, pensé. Todo dependía del tiempo que iba a estar fuera.

Mi maleta era muy pequeña; tan solo iba a pasar fuera del pueblo un fin de semana.

—Yolanda, ¿te vas para mucho? —le dije. En el pueblo todos nos conocíamos.

—No lo sé. Mis hijos dicen que me vendrá bien cambiar de aires, que voy a pasar unas vacaciones.

La miré. Sus ojos resplandecían de ilusión y en los míos se apoderaba la tristeza.

El tren llegó. Ella llevaba una maleta llena de una vida que ya no volvería, entre las paredes de su casa.

La ayudé a subir y ella me sonrió.

—Gracias, gracias. Pronto nos veremos.

Se lo hubiera impedido, que subiera aquellos escalones, pero no era yo quien debía hacerlo. ¿Quién era yo para decirle que todo lo que le habían contado era una patraña?

Callé y la ayudé a sentarse. Bien sabía yo lo que significaba dejar todos los recuerdos.

El viaje transcurrió sin imprevistos. Cuando llegamos al final del trayecto, ayudé a Yolanda a bajar su maleta en el andén. Su hijo la esperaba junto a una monjita que, cariñosa, la recibió.

Su hijo me quitó la maleta sin apenas cruzar palabras conmigo.

Los vi alejarse a los tres. Cuando llevaban un tramo recorrido, Yolanda se volvió y con su manita me dijo adiós.

Solo dejé marchar a la mujer que aún no se daba cuenta de que aquella era una despedida para siempre.

La residencia estaba frente a la estación.

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