Respuesta al reto: El tren

Respuesta al reto: El tren

Por Amparo Valdearcos Quintin

Amparo Valdearcos Quintin
98 historias•3 seguidores
3 seguidores
2 min de lectura
2 visualizaciones

EL TREN

Me senté en el vagón para comenzar aquel viaje que iba a ser el nuevo destino de mi vida.

No se sentó nadie a mi lado. La pareja de delante reía. Yo, ensimismada en mi lectura, dejaba que sus voces se mezclaran con el traqueteo del tren.

Al entrar en un túnel, la luz desapareció.

Las butacas salieron despedidas hacia delante, agolpándose unas contra otras. Los cristales estallaron y se clavaron en nuestros cuerpos. La luz comenzó a parpadear, encendiéndose y apagándose como si el tren respirara con dificultad.

Y entonces llegaron los gritos.

Ya no eran las risas que acompañaban el silencio del vagón. Eran gritos de histeria, de miedo, de dolor. Un denso olor a metal quemado, a plástico fundido y a sangre inundó el aire en un instante.

Una de las butacas presionaba mi pecho, oprimiéndolo sin dejar que el aire llegara a mis pulmones. Algo cayó sobre mi cabeza. El dolor intenso dio paso a una oscuridad que comenzó a invadirlo todo, acompañada por un sonido que se fue haciendo cada vez más tenue.

Mis oídos percibieron unas voces lejanas.

—¡Ayuda! ¡Aquí!

Incapaz de moverme, permanecía atrapada bajo aquel amasijo de hierros. Mi respiración era un susurro. Quería gritar, pero la voz se me quedaba en la garganta.

Una voz muy cerca dijo:

—Aquí hay una persona.

Mi mano se aferró a la suya mientras intentaba apartar el hierro. Cuando consiguió levantarlo, mis pulmones recobraron la vida en un chorro de aire fresco.

Apenas salí de los escombros, mis ojos comenzaron a comprender la escena. Cuerpos inmóviles. Brazos apoyados en los reposabrazos, buscando un cuerpo al que sujetarse. La sangre corría por el pasillo.

El hombre que viajaba delante comenzó a trepar por encima de los asientos destrozados.

—¡Pilar! ¡Pilar! —la llamaba, apartando hierros y cristales con las manos desgarradas.

Nadie respondió.

Un silencio extraño y pesado cayó de golpe sobre el vagón.

La muerte seguía allí, agazapada entre el metal retorcido y el humo, esperando a su próxima víctima.

Compartir esta historia