Respuesta al reto: Insomnio

Respuesta al reto: Insomnio

Por Anny Santeliz

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La sábana se pega a la piel como si fuera otra piel. En la cocina, el reloj del microondas marca las 3:47 y el zumbido de la nevera suena distinto, más grave, como si la casa respirara despacio a través de él.

Doy vueltas. La almohada ya no tiene un lado fresco. Me levanto a beber agua y el suelo de baldosa, que debería estar fresco, está tibio, como si el día no se hubiera ido del todo, solo escondido debajo.

Desde la ventana de la cocina veo el patio del vecino, azul por la luna, y por un segundo me parece que la hamaca se mueve. No hay viento. La miro fijo hasta que mis ojos empiezan a inventar formas donde no las hay: una silueta sentada, quieta, mirando hacia mi ventana.

Parpadeo. Es solo la hamaca, claro, que se balancea sola, sin motivo, como todo a esta hora.

Vuelvo a la cama. El ventilador gira y con cada vuelta trae un segundo de alivio que se evapora antes de que pueda disfrutarlo. Cierro los ojos. Cuento. Pierdo la cuenta. La vuelvo a empezar. Entonces lo oigo: un golpe seco, en algún lugar de la casa, como si alguien hubiera dejado caer un libro. Me quedo inmóvil, escuchando. Nada. Otra vez el zumbido de la nevera, el tic del reloj, mi propia respiración que de repente me parece demasiado ruidosa.

Me levanto otra vez. Recorro el pasillo descalza, con esa cautela absurda de quien no sabe qué está buscando ni qué haría si lo encontrara. La puerta del cuarto de invitados está entreabierta, un centímetro más de lo que la dejé.

La empujo. Vacío. Las cortinas quietas. Sobre el escritorio, un libro que yo no recuerdo haber sacado del estante está abierto, boca abajo, como si alguien lo hubiera estado leyendo hace un momento y se hubiera ido justo antes de que yo entrara.

Afuera, el cielo empieza a aclarar, ese gris sucio que anuncia el calor que viene. Y yo sigo ahí, de pie, sin decidirme a cerrar el libro.

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