Respuesta al reto: Eres una...

Respuesta al reto: Eres una...

Por Clara Leiva

Clara Leiva

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La tele estaba encendida. Bajita.

Ni siquiera estábamos haciendo nada.

Él en una esquina del sofá. Yo en la otra. Como si eso arreglara algo.

Y entonces se oyó la llave.

Se me heló el cuerpo.

—Vete —susurré.

Tarde.

La puerta se abrió.

Mi padre apareció en el salón. Se quedó quieto. Mirando. Primero a él. Luego a mí.

No preguntó.

No hacía falta.

—Levántate.

No supe si iba por mí o por él.

Mi novio se puso de pie de golpe. Torpe. Como si estorbara incluso más de lo que ya estorbaba.

—Coge tus cosas y te vas.

Sin gritos. Sin prisa.

Peor así.

Yo me quedé clavada en el sofá. No me salía ni respirar.

Él pasó por mi lado sin mirarme. Abrió la puerta. Se fue.

Otra vez ese silencio.

Mi padre dejó las llaves sobre la mesa. Despacio. Como si se estuviera conteniendo.

—¿Quién te crees que eres?

Bajé la cabeza.

No contesté.

—¿Esto qué es?

Su voz seguía baja. Pero cortaba.

—¿Mi casa es un sitio donde entra cualquiera?

Negué con la cabeza. Rápido.

—No.

Casi no se oyó.

—Pues lo parece.

Se acercó un paso. Yo me hice más pequeña.

—Mientras vivas aquí, haces lo que yo diga.

Asentí otra vez. Sin levantar la vista.

—No quiero volver a ver a nadie aquí. ¿Está claro?

—Sí.

Se me rompió la voz.

No dijo nada más.

Se dio la vuelta y se fue.

Y ahí sí.

Ahí me quedé sola. Con la tele encendida. Con la puerta todavía medio abierta. Con el aire raro, como si ya no fuera mi casa del todo.

Me levanté sin pensar. Apagué la tele de golpe.

El mando crujió en mi mano.

Demasiado fuerte.

No lo solté.

Me quedé ahí, de pie, apretándolo, como si pudiera romper algo sin hacer ruido.

Porque lo peor no era que se hubiera enfadado.

Era que, para él, yo ya estaba mal hecha.

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