Respuesta al reto: La cabeza

Respuesta al reto: La cabeza

Por Clara Leiva

Clara Leiva

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El coche se ha detenido como si no quisiera entrar.

Justo al borde del pueblo, como si hubiera una línea invisible.

Mi abuela dice que es por los socavones.

Yo no lo creo.

Porque la última vez que estuve aquí… no debería recordarlo. Pero lo hago.

Fragmentos. Nada claro.

Fuego. Gente alrededor. Mi nombre cerca del oído.

Bajo del coche.

El aire es distinto. Más espeso.

El camino de tierra cruje bajo mis pies y siento, que el pueblo me está mirando.

Mi abuela ya va delante. No espera.

—No te separes —dice sin girarse.

No sé si lo dice por mí… o por ella misma.

Avanzamos.

Y cuanto más nos acercamos, más tengo la sensación de que no es la primera vez que camino hacia aquí.

La plaza aparece de golpe, como si siempre hubiera estado ahí, esperándonos.

Hay música. Demasiado alegre. Insistente.

La gente sonríe. Bailan alrededor del fuego como si fuera lo más normal.

Al principio me relajo. Casi me engaña.

Me hacen un gesto para que me una.

Y lo hago.

Giro con ellos.

Por un momento funciona. El cuerpo antes que la mente. Como si esto perteneciera a algún sitio dentro de mí.

Entonces las viejas se acercan.

No hablan.

No hace falta.

Llevan un cuenco oscuro. Espeso. Como si respirara.

Lo vierten en el fuego.

El fuego cambia.

Se vuelve bajo. Azul en los bordes. El humo no sube. Se queda.

Una niebla empieza a arrastrarse por el suelo.

Alguien dice que es parte del ritual.

No dicen cuál.

Sigo bailando, pero ya no sé si me muevo yo o si es el mundo el que me empuja.

Mi cuerpo va con retraso.

Pequeño. Pero suficiente.

Las pulsaciones se disparan.

Las escondo.

Creo que nadie lo nota.

Y entonces la música se corta.

De golpe.

Como si alguien la hubiera apagado dentro del aire.

Solo queda el fuego.

Y la niebla.

Y todos mirándome.

Demasiados ojos.

Entonces la traen.

La cabeza del carnero.

La colocan frente a mí.

Y el silencio cambia de forma.

Entonces escucho la regla:

“No mires a los ojos del carnero.”

Pero ya lo estoy mirando.

El mundo no se rompe.

Se reconoce.

Como si el error no fuera mirar.

Sino volver.

Pero el fuego vuelve a encenderse.

Como si nada de esto hubiera terminado aún.

Como si yo solo estuviera llegando… otra vez.

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