La mesa seguía puesta para cuatro, aunque en la co

La mesa seguía puesta para cuatro, aunque en la co

Por Luna

Luna

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La mesa seguía puesta para cuatro, aunque en la cocina solo quedaban tres vasos sucios. El pan, tapado con un paño de cuadros, se había quedado duro en una esquina. En uno de los platos, el cuchillo permanecía clavado en un trozo de carne. Las cáscaras de pistacho continuaban en la mesa, amontonadas junto a un cenicero lleno, pese a que en la casa nadie fumaba desde hacía años.

La ventana del comedor estaba abierta, el frío atravesaba las cortinas y se extendía por la habitación. Encima del radiador colgaba una camisa azul, torcida, todavía con una pinza en la manga.

El reloj del pasillo marcaba las diez y cuarto. El segundero avanzaba a saltos.

Junto a la puerta de entrada, debajo del perchero, había una maleta pequeña cerrada con una cinta roja en el asa. Encima descansaban unas llaves.

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