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Respuesta al reto: Lo que dejó escrito

Respuesta al reto: Lo que dejó escrito

Por Rubén Darío Acuña Galvis

Rubén Darío Acuña Galvis
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Encontré la nota en el espejo del baño, empañao, con mi misma letra de pelao.

Decía: “No abras cuando llame Lucía.”

Dije yo, “Echee” yo no conozco a ninguna Lucía. Vivo solo.

A las tres y pico de la mañana tocaron la puerta. Tres toques, suaves. Con el calor hijueputa de la costa que no deja ni respirar.

- ¿Quién es? – dije con voz de hombre.

- Soy Lucía, mi vida, ábreme – dijo una voz de pelaita por fuera, igualita a la mía de cuando era culicagao.

Me acerqué al espejo otra vez. La nota se estaba borrando sola. Y en el reflejo no estaba yo. Estaba el pelao lampiño sobándose el bozo, escribiendo apurao la misma nota.

Y detrás de él, en el callejón de mi cuarto, una flaca alta de capucha negra esperando.

Volvieron a tocar. Más duro.

Entendí. Si abría, no entraba Lucía. Salía yo.

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