Mi niño, tu voz tan dulce... ¿Cómo es posible?
Mi rey, la vida me está dando una nueva oportunidad de poder abrazarte. Podré tenerte en mis brazos, decirte todo lo que no pude por falta de tiempo y cumplir esas promesas que te hice.
Sigo escuchando su respiración del otro lado de la línea. ¿Qué hago esperando aquí? Debo dejarlo entrar. Camino hacia la puerta para darle entrada a mi niño. Pero ¿qué es este ruido que se escucha en su respiración?
Me tomo un momento antes de abrir. No puedo evitar volver la mirada hacia lo obvio dentro de esta fantasía. Mis ojos se posan en el altar de mi ángel, el que tenemos en la sala. Puedo notar un pequeño ruido que proviene de esa urna de cerámica; sobre todo, llaman mi atención esas grietas, esas fracturas que no estaban allí antes.
