—Que no me digas que ya lo sabías. Eso no.
Ya sé que me avisaste. Ya sé que me dijiste que dejara de hacer cuentas como si todo fuera a salir bien. Pero ha salido mal, papá. Ya está.
He cerrado, debo dinero y mañana tendré que ponerme con todo esto. Pero no necesito que me digas por dónde empezar, porque ya estoy en ello.
De hecho, esta tarde he hablado con alguien. Hay una posibilidad de trabajo. No sé si saldrá, así que no empieces todavía con el “ves, esto es lo que tenías que haber hecho”.
Te lo cuento porque eres mi padre, no porque necesite que me digas qué hacer.
¿Te quedas conmigo un rato?
