Gracias a esta taza de café, conoci a Juan en el tren que nos llevaba en la misma dirección, la ciudad de Málaga. Nuestra conversación fluyó con normalidad, como si nos conociéramos de toda la vida. Su físico y su manera de ser me atrajeron desde la primera frase que pronunció con respeto y amabilidad al presentarse. Ambos miramos por la ventana, admirando un campo lleno de amapolas con sus delicados pétalos meciendose al viento. Si nos hubiéramos conocido mejor, me habría gustado que juntos, de la mano, corrieras entre esas flores como dos niños.
Didina Vizitiu Filipescu
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