Es imposible. No he podido ser tan estúpida. El retovisor estaba roto. Yo lo he visto. Yo lo he tocado con mis manos. Por Dios, ¡¡me estoy volviendo loca!! pensando en el dichoso cristalito. Tiene que ser un error. Puede que solo sea mi mente. Me ha engañado al mostrarlo ante mis ojos; roto. ¿Y si es un engaño de mi percepción? Puede ser... ¿Y si en verdad no estaba roto? No, no. Estaba roto.
Si es así; alguien lo ha roto. ¿Y si ese alguien, buena gente, ha reparado el daño causado mientras yo he ido a comprar la cinta de pegar, y otro espejo? Tiene que haber una razón que de sentido a todo esto.
--Buenas tardes, señorita. Mi nombre es Samuel. No se atormente más. La vengo observando desde hace un rato. Sí, he sido yo. Anoche; al querer aparcar mi moto sobre la acera, al pasar junto a su coche, destroce su espejo. Venía tan cansado que no calcule bien la distancia. Esta mañana temprano decidí coprar un espejo nuevo y yo mismo instalarselo. Para mi no es gran problema ya que trabajo de mecanico montador en esta misma firma que lleva su coche.
--Gracias. No sabe usted lo confundida que estoy, bueno, ya no, que he estado.
--¿Como se llama?
--Reveca.
--Bien, Rebeca, para paliar en algo ese desconcierto que usted ha pasado, la invito a desayunar. Y perdone mi atrevimiento. Pero creo sinceramente que es lo mínimo que puedo hacer por usted.
Rebeca miró su reloj de pulsera. Midió tanto el tiempo que tenía libre,como el consertir que un desconocido la invitase.
--OK. Se lo acepto. Yo tampoco he desayunado por el tiempo que he perdido.
Y los dos seres llenos de buenas intenciones se internaron en la cafetería más cercana. Y luego, porque así ocurren muchas de las cosas, la pareja se fue conociendo y el amor hizo de las suyas. A veces una simple contrariedad da sentido a algo que hemos buscado sin suerte aparente.
Joaquín Peña Manzano de Velazquez.
