Respuesta al reto: El mensaje

Respuesta al reto: El mensaje

Por Amparo Valdearcos Quintin

Amparo Valdearcos Quintin
98 historias•3 seguidores
3 seguidores
2 min de lectura
2 visualizaciones

DESPIDO POR WHATSAPP

Busqué el teléfono al escuchar la notificación. Acababa de llegarme un WhatsApp que no iba dirigido a mí. Era para otro compañero. Sin embargo, al ver que el remitente era mi jefe, lo abrí.

El mensaje decía:

«La empresa pasa por un momento difícil y deberíamos despedr a Julio Pérez. ¿Qué te parece la decisión?»

Julio Pérez era yo.

Leí aquellas palabras una segunda vez. Luego una tercera.

¿Qué hacía? ¿Lo ignoraba?

La rabia se apoderó de mí.

Lo había dado absolutamente todo por aquella empresa. Horas extra, fines de semana y vacaciones interrumpidas por llamadas urgentes. ¿Y así pensaban agradecérmelo?

Las ideas acudían a mi mente de forma frenética. Llegaban sin orden, atropellándose unas a otras. La rabia seguía allí, impidiéndome pensar con claridad.

Pero algo no encajaba.

¿Por qué me había llegado aquel mensaje? Mi jefe no era una persona descuidada. Apenas cometía errores. ¿Se habría equivocado realmente o quería provocar una reacción? ¿Era una trampa para ponerme a prueba?

Guardé una captura de pantalla.

Después otra.

Y una copia en la nube.

Si aquello era real, necesitaba pruebas.

Poco a poco conseguí serenarme. Tenía varias opciones. Podía fingir que nunca había leído el mensaje. Podía esperar a la semana siguiente y ver qué ocurría. O podía enfrentarme directamente a él.

Miré de nuevo la pantalla y tomé una decisión.

Abrí el chat y empecé a escribir:

«Creo que este mensaje no iba dirigido a mí. Sin embargo, ya que la decisión afecta directamente a mi futuro en la empresa, me permito darte mi opinión.

Durante años he hecho mucho más de lo que exigía mi puesto. He trabajado horas extra, he asumido responsabilidades que no me correspondían y siempre he intentado aportar soluciones cuando la empresa las necesitaba.

Por eso, antes de tomar una decisión definitiva, te invito a valorar con objetividad todo lo que he aportado. Estoy convencido de que, si lo haces, llegarás a la conclusión de que prescindir de mí no es la mejor opción.

Mañana hablaremos.»

Releí el mensaje dos veces.

Era respetuoso, pero también dejaba claro que sabía exactamente lo que estaba ocurriendo.

Mi dedo quedó suspendido sobre el botón de enviar.

Si era una trampa, acababa de caer en ella.

Si no lo era, acababa de declararle la guerra a mi jefe.

Pulsé enviar.

A partir de aquel instante, ya no había marcha atrás.

Compartir esta historia