Respuesta al reto: El pulgar

Respuesta al reto: El pulgar

Por Clara Leiva

Clara Leiva

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—¿Qué estás haciendo?

Ella pegó un bote, pero no soltó ni el móvil ni su mano. Tenía su pulgar apoyado en la pantalla, intentando desbloquear el teléfono.

—Nada —dijo enseguida.

—¿Nada, Marta? Estás usando mi dedo mientras duermo.

Él se incorporó un poco. Tenía la marca de la almohada en la cara. La habitación estaba a oscuras salvo por la luz azul del móvil. Afuera llovía. El despertador marcaba las 3:17.

—Déjame ver eso.

Ella dudó. Y ahí fue cuando él notó algo raro. No tenía cara de pillada. Tenía cara de preocupación.

—¿Quién es Laura? —preguntó ella.

Él cerró los ojos un segundo.

Claro. Laura.

La única persona que sabía lo de las llamadas de madrugada.

Marta había dejado de creerle hacía días.

—No es una amante, si vas por ahí.

—Pues alguien usa tu teléfono todas las noches.

Ella le enseñó la pantalla.

Había un chat abierto.

Un número sin nombre.

Decenas de mensajes enviados desde su móvil a la misma hora: 3:17.

Ya casi recuerda.

No confíes en Laura.

Hoy la ha visto.

Cree que sigue siendo él.

—¿Qué coño es eso?

Él cogió el móvil de golpe. Notó un escalofrío en la espalda. No había enviado ninguno de esos mensajes.

—Te juro que yo no he escrito esto.

Marta tragó saliva.

—Entonces explícame por qué el número es el mío.

Él levantó la vista despacio.

—¿Qué?

Ella señaló la parte de arriba de la conversación. Y sí. Era su número. Su propio teléfono llevaba semanas enviándole mensajes a sí mismo.

Los dos se quedaron callados.

Entonces apareció otro mensaje en pantalla.

No tendría que haberse despertado.

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