Escuché sus latidos golpear con los míos, el aroma de su cuerpo era un llamado para acercarme un poco más, sus manos tomaron mi espalda y su barba buscó la tibieza de las mejillas donde posó un beso travieso, nuestros labios se llamaron en silencio, se buscaron hasta encontrarse y el fuego los atrapó, eran dos almas, dos bocas, un beso.
Magda Espinosa
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