Tres verdades rápidas: 1) Tu activo más valioso no eres tú sino tu comunidad de lectores. 2) Si no conoces el negocio y estás más perdido que Colón cuando se embarcó a descubrir la nueva ruta a Las Indias, necesitas un baño de realidad. A fin de cuentas, Colón después de mucho esfuerzo y digo mucho por no decir muchísimo esfuerzo, consiguió llegar a América. 3) Necesitas crear una posición de fuerza.
¿Sigues en el pasado?
Terminas la novela. La corriges, la dejas reposar, la vuelves a corregir. Preparas la sinopsis, escribes una carta de presentación y empiezas a enviarla. Primero a las grandes. Luego a las medianas. Después a cualquiera que acepte manuscritos no solicitados.
Posiblemente esta sea la parte más difícil. Aceptar el silencio. Algunas editoriales responden con un correo automático. Otras avisan de que, si en seis meses no has recibido noticias, consideres desestimada la propuesta. La mayoría no contesta nunca. Pasa un año o dos. Durante todo ese tiempo, la pregunta que te haces es siempre la misma: ¿qué le falta a mi libro? Te lo explico con la mayor suavidad posible. A tu novela posiblemente no le falte nada. Permite que te explique con un caso real, por favor.
Una editorial no es solo una institución cultural que busca buenos libros. Es una empresa. Tiene que pagar corrección, edición, diseño, impresión, distribución, promoción, almacenamiento, comerciales y devoluciones. Cada título que publica es una inversión de varios miles de euros que puede no recuperar. Por eso, cuando llega el manuscrito de un autor desconocido, en la mesa no hay una sola pregunta sino dos. La primera es si está bien escrito. La que de verdad decide, es cuántas personas lo comprarían.
Un autor sin lectores no puede responder a la segunda pregunta. No porque escriba mal, sino porque no tiene con qué. No hay ventas, reseñas, comunidad; no hay ningún dato que permita estimar la demanda. La editorial tiene que apostar a ciegas y, ante la duda, resulta mucho más difícil justificar la apuesta. Tu manuscrito en realidad compite contra la incertidumbre.
El caso Perra de Satán
Beatriz Cepeda publicó su primera novela, Perra de Satán, kilo arriba, kilo abajo, en Versátil en 2016. No llegó a la editorial como el manuscrito anónimo que alguien rescata de entre cientos de propuestas. ¿Adivina cómo publicó? ¿Crees que envió su libro a una editorial? ¿Crees que era conocida o mediática? Mejor que nos ilumine la autora.
«En 2016 se publicó mi primera novela, Kilo arriba, kilo abajo. Fue un encargo de la editorial Versátil, una apuesta […] por una persona que fuera medianamente relevante en las redes sociales para asegurar un número de ventas.»
Artículo publicado en Telecinco/Yasss el 27 de enero de 2021.
Has leído bien, fue un encargo de una editorial. Antes de aquel libro, Cepeda llevaba años escribiendo en blogs y redes sociales bajo ese seudónimo. Había construido una identidad, una voz reconocible y una comunidad que la seguía. Cuando la editorial se planteó publicarla, no tuvo que preguntarse desde cero quién compraría ese libro: ya existían miles de personas interesadas en lo que ella escribía.
Conviene no malinterpretar el ejemplo. La calidad importaba y estaba. Cepeda es licenciada en Filología Hispánica, tiene formación en guion y oficio de escritura. No la publicaron solo por su talento; también porque reducía el riesgo. Esa es la diferencia. No entre escribir bien y escribir mal, sino entre una apuesta y un riesgo considerablemente menor.
Lo que te cuesta esperar
Mientras tu novela está en la carpeta, no pasa nada. Y ese "nada" tiene un precio que casi nunca se calcula.
¿Cuáles son las desventajas de esperar?
La obra no genera lectores en Amazon, no acumula reseñas. Tampoco acumulas datos que te ayuden a mejorar. Por ejemplo, si la portada o la sinopsis de Amazon funciona, a qué tipo de lector le interesa. No estás construyendo ninguna prueba de que tu obra pueda venderse. Y, por supuesto, no estás ingresando un euro. Dos años de espera no son dos años neutros. Son dos años en los que podrías haber construido exactamente aquello que hace que una editorial te diga que sí.
Cómo se construye una posición de fuerza
Aquí está el giro. Puedes publicar tu libro en Amazon y usar esa publicación para fabricar, paso a paso, una comunidad que te permita vender libros suficientes sin perseguir a tus amigos para que por favor, compren tu nueva novela. Es mucho más atractivo que tus amigos te inviten a cenar para que expliques de qué trata tu nueva historia.
A lo mejor piensas, “es que si autopublico no tiene mérito”. Benito Pérez Galdós autopublicaba sus libros. Sus primeras obras fueron financiadas por él y, más adelante, creó su propia casa editorial, Obras de Pérez Galdós.
Amazon te permite poner tu obra a disposición de lectores de decenas de países sin esperar la aprobación de ningún comité. Pero hay una condición, y es innegociable: autopublicar no es subir un archivo. Eso lo hace cualquiera, y por eso el catálogo está lleno de libros invisibles. Publicar profesionalmente es otra cosa. Es convertir un manuscrito en un producto editorial capaz de competir de tú a tú con los libros de cualquier sello.
En la práctica, significa trabajar siete piezas.
Corrección profesional. Ortotipográfica y de estilo. Un libro con erratas puede pagar un precio alto: una reseña de una estrella que mencione faltas de ortografía puede perjudicar seriamente la conversión.
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