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Cómo no escribir una novela: Errores comunes a evitar
post 7 mar 2026 5 min lectura

Cómo no escribir una novela: Errores comunes a evitar

Actualizado el 7 mar 2026 · 5 min de lectura

★★★★★4.8 / 5 (127 valoraciones)

Descubre los errores más frecuentes al escribir novelas y aprende a evitarlos. Consejos prácticos de un escritor experimentado para tu primera obra.

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¿Sabes esa sensación cuando alguien te pregunta cómo no escribir una novela y lo primero que piensas es en todos los manuscritos abandonados en tu cajón? Me pasó hace unos meses con una alumna que llegó a mi taller después de tres intentos fallidos. "Ray", me dijo, "creo que tengo un talento especial para hacer todo mal". La verdad es que todos cometemos los mismos errores al principio, y reconocerlos es el primer paso para evitarlos.

Después de años leyendo primeras versiones y viendo patrones que se repiten, he notado que la mayoría de novelas que nunca llegan a puerto naufragan por las mismas razones. No es falta de talento ni de ideas brillantes. Son tropiezos técnicos y conceptuales que cualquiera puede evitar si sabe dónde mirar.

El protagonista que no protagoniza nada

Uno de los errores más frecuentes cuando pensamos en cómo no escribir una novela es crear un protagonista pasivo. Me acuerdo de un manuscrito que recibí hace un tiempo: doscientas páginas donde el personaje principal era arrastrado de situación en situación sin tomar una sola decisión importante. Las cosas le pasaban, pero él nunca hacía que las cosas pasaran.

Tu protagonista tiene que querer algo. Y no me refiero a deseos vagos como "ser feliz" o "encontrar el amor". Necesita objetivos concretos que lo empujen a actuar. Cuando escribí mi primer intento de novela, mi protagonista era un tipo que "buscaba el sentido de la vida". Suena profundo, ¿verdad? Era un desastre. No tenía idea de qué acciones específicas debía realizar para conseguir ese objetivo tan abstracto.

El protagonista activo toma decisiones, aunque sean equivocadas. Se mete en problemas por su propia voluntad. Genera conflicto en lugar de simplemente reaccionar a él. Si tu personaje puede ser reemplazado por una hoja arrastrada por el viento sin que cambie mucho la historia, tienes un problema.

La trampa del exceso de información

Otro clásico de cómo no escribir una novela: el info-dump. Esas páginas y páginas donde explicas la historia del mundo, la genealogía completa del protagonista y el funcionamiento detallado de tu sistema mágico antes de que pase nada interesante.

Un escritor me trajo una vez un capítulo que empezaba con cuatro páginas sobre la estructura política de su mundo fantástico. "Pero es que el lector necesita entender el contexto", me decía. Le pregunté: "¿Cuándo fue la última vez que leíste un manual de instrucciones por placer?"

La información funciona mejor cuando llega en el momento justo, cuando el lector la necesita para entender lo que está pasando ahora mismo. Si tu protagonista está huyendo de los guardias, ese es el momento perfecto para mencionar que en este reino robar pan se castiga con la muerte. No necesitas explicar todo el código penal en el prólogo.

Confía en tu lector. Es más inteligente de lo que crees y tiene más paciencia para descubrir las cosas gradualmente de la que imaginas. El misterio y la curiosidad son tus aliados, no tus enemigos.

Diálogos que suenan a manual de instrucciones

Los diálogos artificiales son otro síntoma claro de cómo no escribir una novela. ¿Has notado cómo algunas conversaciones en libros suenan como si los personajes hubieran memorizado un guion? Nadie habla así en la vida real.

"Buenos días, hermano. Como sabes, nuestro padre murió hace exactamente tres años en aquel terrible accidente de carruaje que cambió nuestras vidas para siempre." Esa frase me la encontré literal en un manuscrito. Los personajes se estaban explicando cosas que ambos ya sabían, solo para informar al lector.

El buen diálogo hace varias cosas a la vez: revela personalidad, avanza la trama y suena natural. Los personajes hablan por sus propias razones, no para darle información al lector. Tienen agendas ocultas, se interrumpen, malinterpretan las cosas, evitan temas incómodos.

Una técnica que me funciona: lee tus diálogos en voz alta. Si suenas como un robot leyendo un comunicado de prensa, reescribe. Los personajes reales tienen tics verbales, usan contracciones, dejan frases a medias. Hablan como personas, no como enciclopedias.

La obsesión con la perfección desde el primer borrador

Aquí tienes otro manual de cómo no escribir una novela: intentar que cada frase sea perfecta antes de continuar con la siguiente. He visto escritores pasar meses puliendo el primer capítulo sin avanzar más allá de la página veinte.

Me pasa constantemente en mis talleres. Alguien llega con las mismas cinco páginas que ha estado "perfeccionando" durante seis meses. Cuando le pregunto por el resto de la historia, me dice que no puede continuar hasta que esas páginas estén impecables. Es como querer pintar una casa empezando por barnizar cada tabla individual antes de construir las paredes.

El primer borrador no es para que lo lea nadie más que tú. Su única función es existir. Necesitas ver toda la historia de principio a fin antes de poder identificar qué funciona y qué no. Esa escena que creías crucial para el capítulo dos quizás sea perfecta para el capítulo quince, pero no lo sabrás hasta llegar ahí.

Date permiso para escribir basura. En serio. Algunas de mis mejores novelas empezaron como primeros borradores que me daban vergüenza. La magia pasa en la reescritura, no en el primer intento. Para profundizar en cómo desarrollar los aspectos únicos que harán brillar tu historia una vez que tengas ese primer borrador completo, te recomiendo leer sobre los elementos clave que hacen única a tu novela: más allá de la trama.

Escribir una novela es como aprender a caminar: te vas a caer varias veces antes de encontrar el equilibrio. La diferencia entre quienes terminan sus historias y quienes las abandonan no está en evitar todos los errores, sino en reconocerlos, corregirlos y seguir adelante. Tu novela imperfecta pero terminada siempre será mejor que tu obra maestra imaginaria que nunca sale del primer capítulo.