La verdadera pregunta: ¿es una desventaja real?
Recientemente me preguntaron qué puede hacer un escritor frente a la dislexia, de qué manera puede enfrentarse a la escritura sin que este trastorno lo asfixie ni le haga sentir que parte con desventaja. Reflexioné durante unos instantes y prometí responder con un post.
La dislexia dificulta la ortografía, la lectura rápida o la revisión. Sin embargo, aunque seas disléxico, nada te impide escribir una gran historia. Vivimos obsesionados con no equivocarnos, con escribir “bien”, con cumplir normas, cuando la literatura nace de la necesidad interior de contar.
Técnica y herramientas: lo que hoy sí puedes delegar
Hoy existen herramientas, correctores, lectores de texto, editores y sistemas de apoyo que permiten delegar la parte mecánica del proceso. La técnica se aprende. La corrección se entrena. La estructura se trabaja. Lo único que no se puede delegar es tu forma de ver el mundo. Y esto, si se me permite, es lo más importante: trasmitir tu visión de la realidad.
La revisión como parte del oficio
Un escritor con dislexia tendrá que revisar con mayor cuidado y ser más consciente de su proceso. Bien mirado, no es una debilidad. Es una forma de madurez creativa. Te obliga a pensar lo que escribes y a reflexionar. La escritura es un proceso de aproximación. Implica revisiones metódicas y, a ser posible, organizadas por capas.
El verdadero peligro: el bloqueo mental
De hecho, el peligro real no es la dislexia, sino el bloqueo que provoca cuando se convierte en vergüenza o en excusa. La asfixia surge cuando creemos que el trastorno es una limitación. En ese momento dejamos de intentarlo con libertad. Nos autocensuramos antes de empezar. Escribimos con miedo. Y el miedo, no la dislexia, es lo que paraliza una historia.
Escribir como proceso profesional
Cuando asumimos que la dificultad existe, pero no define nuestro talento, la escritura deja de ser una prueba constante y se convierte en un proceso.
Un proceso imperfecto, sí, pero consciente. Metódico. Profesional. Un camino de aprendizaje en el que cada revisión, cada ajuste y cada error forman parte natural del crecimiento del escritor.
Método práctico: separar creación y corrección
Lo práctico es sencillo. Sigue el modelo de creación profesional: escribe sin corregirte mientras escribes. Separa creación y edición.
En la primera fase, deja que la historia salga. En la segunda, incorpora la lupa: lectura en voz alta, lectura con texto a voz, revisión por capas (una pasada para ritmo, otra para coherencia, otra para ortografía).
Y si puedes, apóyate en un editor o en un lector cero. No para que escriba por ti, sino para que te devuelva el texto limpio.
Menos perfección, más significado
La literatura no premia al que menos se equivoca. Premia al que más se atreve. Y, en cierto modo, la dislexia puede empujarte a eso: a entender que escribir es construir significado. En el caso de los disléxicos, este significado no nace de la corrección automática, sino de una búsqueda más consciente y deliberada. Cuando no puedes confiar en la mecánica, aprendes a confiar en la intención.
Cuando la forma exige más, el fondo se fortalece
Si la forma exige más atención, el fondo gana claridad. Cada frase se convierte en una decisión de peso. Y esa toma de decisiones constantes es profundamente literaria: la voluntad de decir exactamente lo que deseas expresar, aunque te cueste un poco más llegar hasta ahí. Si eres disléxico, vas a tener que trabajar con más método, pero no estás condenado.
Tomarse en serio la escritura
Eso sí, estás llamado a tomar la escritura en serio. Mucho más efectivo que pelearse con el texto es entender la dislexia como una condición. Existen numerosos ejemplos de narradores que convivieron con ella y construyeron una obra sólida y duradera. No esperaron a que la dificultad desapareciera: aprendieron a trabajar con ella.
Narradores que escribieron pese a la dislexia
Agatha Christie tuvo dificultades con la ortografía y la escritura formal. Dictó, revisó con editores y se apoyó en corrección externa. Su fortaleza estaba en el diseño de tramas y el suspense. Roald Dahl fue disléxico y lo contó abiertamente. Trabajaba por capas, reescribía obsesivamente y confiaba en el método. Steven Spielberg descubrió su dislexia de adulto. Pensar en imágenes, escenas y emociones fue siempre su base narrativa. Ninguno fue perfecto técnicamente. Todos fueron eficaces narrativamente.
Conclusión: lo que realmente importa
No necesitas ser perfecto, sino desear contar historias con todas las fuerzas de tu corazón. Y eso, si has llegado hasta aquí, ya lo tienes.
Ray

