Me moría de sueño. Solo quería meterme en la cama y cerrar los ojos.
Voy directa al baño. No soporto el maquillaje. No me reconozco.
Abro el grifo y agarro el jabón. Al levantar la vista, mi reflejo tarda un segundo en imitarme.
Paso la mano por el espejo para quitar el vaho, pero su rostro sigue borroso.
El vino, pienso. Ha sido el vino.
Vuelvo a mirarme. El sudor me resbala por la frente. Me lo limpio, pero mis dedos están secos. El maquillaje sigue intacto.
Trago saliva. Levanto la mano derecha.
Mi reflejo permanece inmóvil.
Retrocedo, ahogando un grito. El agua sigue corriendo. No me atrevo a apartar la mirada.
Entonces, mi reflejo sonríe. Yo no.
Sus labios rozan el cristal.
—Por fin —susurra.
Y comprendo que no soy yo quien está atrapada al otro lado.
