La cara antes de ir a dormir
Mi cuerpo temblaba bajo el resplandor de la farola; las sombras querían susurrarme algo.
Al mirarme en el espejo, mi reflejo tardó en imitarme. La mitad derecha de mi rostro permanecía inmóvil; la izquierda dibujaba una mueca extraña. Me acerqué al cristal: aquellos rasgos no eran míos, eran los tuyos.
Apareciste. Te reconocí por ese leve alzamiento del hombro. Tu imagen se desvaneció, pero tu aliento quedó adherido al cristal.
Sentí tu mano aferrada a mi cuerpo. Intenté desprenderme para correr más rápido. Tu vida corría peligro, pero la mía me importaba más.
La fecha era siempre la misma; mi memoria era incapaz de borrarla.
Me arrastraste hacia la ventana. Abajo, tu silueta se dibujaba sobre el asfalto.
Ya no podía escapar de ti. Ni de lo que hice.
